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Es el principio que anima al organismo viviente. Cuando se desequilibra, se producen las enfermedades. La homeopatía busca volver a equilibrarlo para curar al paciente

La Homeopatía busca tratar al enfermo para curar la enfermedad

Por más que parezca obvio que cualquier medicina busca curar las enferemedades, no es tan así. Muchas veces tratar la enferemedad parece más importante que curarla. Enteráte cómo es el enfoque de la Homeopatía sobre los conceptos de enfermedad y enferemo.

Existen enfermedades, claro. Neumonía, cistitis, artrosis, cáncer, epilepsia, y una larguísima lista. La Homeopatía no niega la existencia de las enfermedades.

A la vez, existen enfermos, esto es muy cierto. El enfermo es la persona que padece la enfermedad. Es decir, detrás de la enfermedad, hay una persona que padece, que sufre. La Homeopatía pone el énfasis en el enfermo, en la persona sufriente, para comprender cómo ha llegado a enfermar y cómo devolverle la salud.

No hay enfermedades, sino enfermos

Este era el concepto de Hipócrates, el padre de la ciencia médica occidental.

Cada enfermo es una unidad indivisible y a la vez un ser irrepetible, diferente de cualquier otro.

Aunque comparta el nombre de la enfermedad con otras personas, sus síntomas siempre van a tener un matiz personal, no solo subejetivo, sino también objetivo.

De esta manera, un paciente con un orzuelo puede tener apenas elevado un punto en el borde del párpado, levemente rosado y sin que parezca que va a supurar. Otro paciente con un orzuelo quizá tenga una gran inflamación y dolor, con coloración violeta oscura del párpado y una supuración franca, purulenta.

Por otra parte, el primer paciente está muy preocupado por su orzuelo, teme que sea una enfermedad grave y se queja de gran dolor. El otro paciente, a pesar de su gran orzuelo violeta y supurante, no está tan preocupado, sino que está más molesto porque sus familiares y amigos no lo aprecian y él se siente muy solo en el mundo, como abandonado.

Ambos tienen la enfermedad “orzuelo”, pero sus signos objetivos y síntomas subjetivos son muy diferentes.

En Homeopatía esto implica que cada uno va a recibir un remedio diferente.

Esto es lo que enfatiza la medicina homeopatica sobre el postulado hipocrático “no hay enfermedades, sino enfermos”.

No hay enfermos, sino enfermedades

Esta es la teoría de Galeno, considerado padre de la farmacia moderna.

Por supuesto que las enfermedades existen, la Homeopatía jamás lo ha negado.

De hecho, no cambiamos los nombres dados por la medicina convencional a las enfermedades. Esto nos permite tener un lenguaje común con nuestros colegas alópatas (alopatía: el otro nombre de la medicina convencional).

No obstante, la Homeopatía tiene su propia clasificación de las enfermedades, según sean agudas o crónicas y, además, según deriven de una tendencia interna o no.

Enfermedades agudas son las de comienzo visible, rápido y evolución autolimitada: el paciente se cura totalmente o muere prematuramente a causa de la enfermedad. Dentro de este tipo de enferemedades destacan las epidémicas.

Las enfermedades crónicas son las que comienzan de manera imperceptible y cursan insidiosamente, afectando con el tiempo órganos cada vez más importantes y en ningún momento evidencian tendencia a curarse. Todo lo contrario, van empeorando cada vez más el estado del paciente hasta acabar prematuramente con su vida.

No se consideran enfermedades crónicas a las que derivan de malos hábitos de vida o de exposición laboral o por otra causa a agentes tóxicos externos.

Las verdaderas enfermedades crónicas derivan siempre de tendencias internas. Básicamente, estas tendencias son tres: disfunción, crecimiento y destrucción.

Bajo estas tres tendencias se agrupan la inmensa mayoría de enfermedades crónicas.

Por ejemplo, dentro de la tendencia disfuncional se agrupan casi todas las enfermedades inflamatorias crónicas: rinitis, sinusitis, gastritis, neuritis, etc.

La tendencia al crecimiento da origen a enfermedades como verrugas, condilomas, lipomas, pólipos, etc.

Y la tendencia destructiva, a: úlceras, gangrena, enfermedades degenerativas como el Parkinson, la esclerosis múltipe, etc.

Por lo tanto, conocer a fondo el comportamiento de las enfermedades es extremadamente indispensable para cualquier médico homeópata.

El todo es más que la suma de las partes

Hay enfermos y hay enfermedades. El homeópata investiga las características individuales de la enfermedad de cada paciente con el objetivo de indicarle un tratamiento que pueda devolver el equilibrio a su organismo.

¿Cuáles son los síntomas distintivos de la artritis reumatoide que padece María?

¿Y las molestias más peculiares de la úlcera duodenal de Gastón?

Los síntomas y signos de la enfermedad son la guía que tenemos los homeópatas para seleccionar el tratamiento más apropiado para el paciente.

El tratamiento homeopático puede erradicar la tendencia que da fundamento a su enfermedad crónica.

El resultado es la restitución del equilibrio del paciente.

Bien, hoy llego hasta aquí.

Espero que este post te haya aclarado tus dudas sobre el enfoque de la homeopatía en lo que respecta a enfermedades y enfermos.

Si deseás que te aclare algunos puntos sobre este tema, podés comentar en el apartado debajo del post.

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Estoy preparando una Segunda Edición a la voy a agregar varios capítulos más, para profundizar sobre algunos temas como:

  • Cómo tener un embarazo sano con la homepatía
  • Se pueden reemplazar los remedios “de por vida” por remedios homeopáticos
  • Cuáles son los Cuatro Pilares en que se basa la homeopatía

Y también estoy preparando un capítulo completo sobre las Tres Tendencias patológicas que mencioné al principio de este post.

Todo para que puedas conocer la homeopatía desde adentro, desde sus bases y para que comprendas claramente cómo puede ayudarte a vos y a tu familia.

Espero que esta Segunda Edición ampliada y corregida te ayude a despejar todas las dudas y conocer las amplias ventajas y beneficios que brinda la homeopatía.

Nos vemos en el próximo post!

Un abrazo

¿De qué está enfermo el enfermo?

Según la homeopatía, las enfermedades son causadas por alteraciones en el equilibrio dinámico del organismo.

Unificando criterios

Según la medicina hipocrática “no hay enfermedades, sino enfermos”. Según la medicina galénica, en la que en la actualidad se basa la medicina convencional, “no hay enfermos, sino enfermedades”. No se trata de dar la razón a uno u otro sistema, sino de tomar lo bueno de cada cual.

“No hay enfermedades, sino enfermos”

Este postulado hace hincapié en la observación y comprensión de la integridad del fenómeno salud-enfermedad y la unidad cuerpo-mente-espíritu. Da gran importancia al aspecto sensible humano, a la consideración del paciente como persona (el “enfermo”) y al tratamiento individualizado (personalizado)= “distintos enfermos, distinto tratamiento”.

“No hay enfermos, sino enfermedades”

Esta teoría propone las “enfermedades” como conjuntos de síntomas que se repiten de una forma similar en los distintos sujetos. Esto da lugar a la generalización del tratamiento, o tratamiento por el “nombre propio” de la enfermedad = “A distintos enfermos con los mismos síntomas, mismo tratamiento”.

“El todo es más que la suma de las partes”

Sumando estos dos puntos de vista, tendremos un criterio más amplio.
Esto es lo que ha logrado la homeopatía. Según su doctrina, la “enfermedad” es “una manifestación más” de un desequilibrio dinámico integral que afecta a todo el paciente, no solamente a los órganos que manifiestan esa “enfermedad”.
Parece un trabalenguas. De ahí la pregunta que da el título a esta nota: ¿De qué está enfermo el enfermo?

La enfermedad es un desequilibrio dinámico de la Energía Vital

La energía vital es la fuerza invisible (inmaterial) que anima al organismo (material).
Es la que hace que nuestros átomos de carbono, nitrógeno, hidrógeno, etc., no se comporten igual que en la materia inanimada. La que hace que el corazón siga latiendo, que el cerebro emita señales eléctricas, que los intestinos posean movimientos peristálticos, etc.

Cuando esta fuerza invisible está en equilibrio, todas las funciones orgánicas son armónicas y el paciente experimenta una especial sensación de bienestar.
Cuando la energía vital se desequilibra, la armonía de las funciones orgánicas se rompe y aparecen diferentes grupos de signos y síntomas, llamados “enfermedades”, cada uno según la causa desencadenante del desequilibrio.

Tipos de enfermedades

La energía vital puede desequilibrarse por causas externas (gérmenes, químicos, factores climáticos, traumatismos, etc.) o internas (herencia), dando lugar a dos tipos de enfermedades: agudas y crónicas.

Las enfermedades agudas, son las de aparición súbita y curso rápido. Su evolución es pasajera, ya sea porque la energía vital puede volver espontáneamente al equilibrio o porque provocan la muerte del enfermo. El ejemplo más típico es el de las epidemias de enfermedades infecto-contagiosas. También en este grupo se ubican los resfriados, las insolaciones, las indigestiones, las crisis de ansiedad, etc.

Las enfermedades crónicas, son aquellas de “comienzo imperceptible”, de curso lento y “evolución solapada y progresiva”, que con el tiempo llevan al organismo a alejarse gradualmente del estado de salud. En este caso, la energía vital desgastada por este prolongado proceso de desequilibrio, no puede volver a equilibrarse por sí misma. Solo puede “permitir el desarrollo de estas enfermedades”, hasta la “destrucción final del organismo”. Ejemplos típicos son: la hipertensión, la diabetes, el cáncer, la enfermedad de Alzheimer, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple, etc.

La Salud es el equilibrio de la Energía Vital

La salud no es la mera “ausencia de síntomas”, sino el estado de equilibrio de la energía vital.

Como decía antes, cuando la energía vital está en equilibrio, hay armonía en toda función y sensación. Cuando está desequilibrada, aunque no haya síntomas que indiquen una “enfermedad” (en el sentido galénico, es decir con “nombre propio”), encontraremos alteraciones sutiles, como variaciones del humor, falta de energía, un leve insomnio, etc., etc., sensación de malestar.

Estas manifestaciones peculiares de sufrimiento, evidencian desequilibrio. La persona no se siente bien. Puede quejarse simplemente de que se siente enfermo y, tras extensas investigaciones, no se da con el “nombre” de una enfermedad, porque tal vez sus análisis y el examen físico están “dentro de los valores normales”.

¿Qué hacemos con este paciente? Debemos tratar su problema “desde la raíz”. Si solo aliviamos sus molestias (efectos) sin tratar su desequilibrio dinámico (causa, “raíz”), no tardará en aparecer una “enfermedad” con “nombre propio”.

“La única y elevada misión del médico es restablecer la salud de los enfermos…”

Mediante el tratamiento homeopático, utilizando sustancias cuyos efectos en el hombre sano sean similares al conjunto de síntomas del enfermo (Ley terapéutica de la Similitud), buscamos restablecer el equilibrio de la energía vital.

Gracias a la observación clínica, sabemos que en el caso de las enfermedades crónicas, quitar el grupo de síntomas actuales no garantiza devolverle la salud al enfermo.

Comparado con un automóvil, esto equivale a “romper la lamparita” del tablero en vez de solucionar el problema más profundo que dio origen a que ésta se encienda, como explica el Dr. Dana Ullman, médico homeópata estadounidense.

Cuando quitamos un conjunto de síntomas, si no modificamos el desequilibrio de la energía vital que los sustenta, tarde o temprano se manifestará alguna alteración en otra parte del organismo.

Tomemos como ejemplo un paciente al que se ha curado un eccema y que más adelante desarrolló un cuadro de asma bronquial, algo bastante frecuente en la práctica.

Según la medicina convencional, se ha “curado” la enfermedad “anterior” (eccema) y ahora hay que tratar esta “nueva” enfermedad (asma bronquial).

Según la homeopatía, se han suprimido los síntomas anteriores y aparecieron nuevos síntomas del mismo desequilibrio crónico de la energía vital.

Esto es como si en una manguera pinchada tapáramos la boca de salida. A su debido tiempo, veríamos salir el agua por cada lugar en donde esté pinchada. Solo cambia el lugar de manifestación. La causa primordial permanece intacta.

Al restablecer poco a poco la armonía de la Energía Vital mediante el tratamiento homeopático, la “enfermedad” (en sentido galénico) pierde su fundamento. Las estructuras y funciones recuperan la armonía y, finalmente, desaparecen los síntomas.

Cuando se efectúa una curación homeopática, el paciente, además, se siente libre y armónico en su mente y su ánimo. En el futuro, un simple resfrío o una erupción inocente, en lugar de una enfermedad cada vez más grave y destructiva, indicará que se ha vuelto a desequilibrar.

Es la evolución que solemos ver en nuestros pacientes y la que hemos experimentado cuando nos tocó estar “del otro lado del escritorio”.

Hasta aquí llego por el momento. Si querés concer más a fondo la homeopatía, tengo una propuesta que te va a encantar. Hacé click en el siguiente enlace para conocerla.

Ir a la propuesta

En este post he compartido mucha información, ¿te mareaste un poco?

Si te quedaron dudas o algo no está muy claro, por favor dejáme tu comentario.

También podés leer mis otros posts para comprender un poco más sobre cómo funciona la Homeopatía:

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