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¿Qué me está enseñando la pandemia COVID-19?

Estamos viviendo una catástrofe humanitaria sin precedentes. La pandemia COVID-19 ha golpeado al mundo de manera inesperada. Las grandes potencias mundiales están sufriendo efectos devastadores.

En este contexto y gracias a la ayuda del aislamiento preventivo, he tenido mucho tiempo para reflexionar.

Y en medio de estas reflexiones me he dado cuenta de que este fenómeno de la pandemia me ha dado la oportunidad de aprender dos cosas muy importantes:

  • El COVID-19 le ha dado un golpe a los centros vitales del individualismo
  • No estamos suficientemente preparados para cuidar la vida

Un golpe al individualismo

La actual pandemia nos ha puesto a todos los habitantes del mundo en igualdad de condiciones.

Tuvimos que aprender a quedarnos en casa y a convivir.

¿Estábamos preparados?

Muchas familias fueron sorprendidas por esta pandemia en medio de una situación caótica: violencia de género, vísperas de divorcios, familiares varados en el extranjero, trabajo informal, pobreza, etc.

¿Qué podemos hacer por ellos?

¿Vamos a seguir pensando que es su propio problema y que no tenemos nada que ver?

La indiferencia hacia el sufrimiento de los otros nos ha estado consumiendo todo este tiempo.

¿Nunca pensamos que el modelo actual de “sálvese quien pueda” en algún momento nos va a dejar “fuera de sistema” a nosotros mismos?

A pesar de ser una especie dotada de razón y espiritualidad sublime, hemos decaído al nivel animal, viviendo solo para competir por la supervivencia.

En esta gesta individualista nos hemos olvidado de cómo con-vivir, “vivir-con”, vivir juntos, sin excluir a nadie.

La indiferencia excluye. El individualismo excluye. Hemos tratado al diferente como “ajeno” durante tantos miles de años…

¿Acaso no somos todos seres humanos? ¿No solemos llamarnos a nosotros mismos “la humanidad”?

Sin embargo vivimos en permanente disociación entre lo que inteligimos y lo que hacemos.

El Coronavirus ha quitado la máscara de cada uno de nosotros. Se ha revelado quién es quien.

Estamos ante una oportunidad invaluable para aprender y mejorar.

Convivir en paz en este mundo no sería posible sin aprender a convivir en paz en nuestro pequeño mundo: la familia.

Y para vivir en familia hay que cambiar la competencia por la solidaridad.

La base de la solidaridad es la empatía: puedo sentir lo que tú necesitas, ponerme en tus zapatos.

Y ser solidario implica actuar: ayudar al otro.

Ayudar con materiales quizá no está al alcance de todos en esta época en que conviven el derroche y la escasez.

Hay mil y una formas de ayudar cuando el corazón está sintonizando la frecuencia de la solidaridad.

Cuando sientas que ya no tienes forma de hacer nada por esos que sufren, todavía queda algo por hacer: rezar.

Y aunque puedas hacer mucho, también podés rezar por aquellos a quienes tu ayuda material no alcanza.

Rezar por el bien de todas las personas sin descuidar las responsabilidades de nuestros diversos puestos en la familia y la sociedad.

Así lograremos dar un golpe de “knock out” al individualismo y dejarlo “fuera de combate”, para instalar una nueva humanidad basada en la solidaridad.

Aprendamos a cuidar la vida

Una paciente me dijo “parece mentira, tenía que venir el coronavirus a enseñarnos cómo lavarnos las manos”.

Esta pandemia nos interpela:

¿Cuánto has cuidado tu vida este tiempo?

Saber lavarse las manos es algo básico, muy básico.

¿Cuánto hemos cuidado nuestra vida si tuvo que ocurrir una pandemia para que aprendamos a lavarnos las manos?

Reconozco que hasta suena ridículo. Pero ¿es cierto o no? Me pregunto a mi mismo ¿He cuidado bien mi vida?

Un hecho importante es que la pena mayor para un criminal sea por quitar la vida a otro ser humano.

Asimismo, el principal derecho humano es el derecho a la vida.

¿Cuánto sabemos sobre cómo cuidar nuestra propia vida?

Y, ¿Cuánto de lo que sabemos sobre cuidar nuestra propia vida lo llevamos a la práctica?

Hace poco, en la casa de un familiar me llamó la atención el diseño de un paquete de cigarrillos.

Una imagen horrorosa de un paciente en terapia intensiva lleno de tubos y mangueras, junto a un texto aún más horroroso: “Fumar produce cáncer de pulmón”. Con mayúsculas y negrita.

Wow! Me dije. ¿Por qué alguien querría vender a otro ser humano algo que produce cáncer?

¿Acaso no es un anuncio expreso de un homicidio?

¿Qué diferencia hay con decirle a una persona “esta bala que voy a meter en tu cabeza te ocasionará la muerte”?

Y más siniestro aún: cómo promocionar mi bala mortal para que sea “legal” y te la pueda vender sin problemas. ¡Bum!

Quedé muy shockeado con estos pensamientos.

Y me pregunto a mi mismo cuántas veces les doy a los demás cosas que los dañan…

Cosas como rencor, codicia, ignorancia…

¡Tengo tanto por corregir!

Las cuatro “patas” que dan estabilidad a la salud

Quiero retomar el tema del auto-cuidado: cuidar la propia vida.

Hay cuatro “patas” en que se basa el auto-cuidado:

  • Higiene
  • Alimentación
  • Horarios
  • Ejercicio

La higiene como la estamos haciendo hoy día es extrema. Es lógico porque estamos viviendo una situación extrema.

Sin embargo, ante la impaciencia provocada por el aislamiento prolongado, ¿estás deseando que “esto” se termine para dejar de usar desinfectantes?

También necesitamos respetar los horarios fisiológicos para poder mantener una vida sana.

Me he sorprendido de que muchas personas tomaron la cuarentena como vacaciones prolongadas, sintiéndose liberados de la rutina de sus horarios habituales.

Esto los ha llevado a comer y dormir desordenadamente, sin imaginar las consecuencias que ese caos de horarios puede tener sobre la salud.

Otras personas aprovecharon para ordenar sus horarios de comidas, trabajo, estudio y esparcimiento.

Todos somos libres para decidir. Y los resultados que obtenemos derivan de las decisiones que tomamos.

Cuidar la vida implica también alimentarse adecuadamente y hacer ejercicio.

He visto muchos que han aprovechado la cuarentena para hacer ejercicios regulares mirando videos por Internet o asistiendo a clases virtuales.

Tambien he conocido muchas personas que han tomado la cocina como su nueva base de operaciones y se dedican a preparar alimentos súper saludables para su familia.

Lo que más lamento siendo médico es que a nivel mundial la medicina le haya fallado tanto a la población.

No lo digo por su actuación ante la pandemia.

Me refiero a que le hemos fallado a las personas que están muriendo por coronavirus.

En su inmensa mayoría son adultos mayores y ancianos con enfermedades previas, también llamadas comorbilidades.

Las tres comorbilidades más frecuentes de las “víctimas” de COVID-19 son:

  • Enfermedades cardiovasculares
  • Diabetes no-insulinodependiente
  • Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)

¿Por qué digo que los médicos les hemos fallado a estos pacientes?

Porque no les hemos ayudado a prevenir estas tres enfermedades.

Ninguna de las tres son enfermedades en sí mismas, sino consecuencias de un estilo de vida.

Las cardiovasculares son producto de una alimentación basada en exceso de grasas, sedentarismo y sobrepeso.

La diabetes no-insulinodependiente, también llamada diabetes de adulto o diabetes tipo 2, se debe al exceso de hidratos de carbono en la dieta, sobrepeso y sedentarismo.

La principal causa de EPOC es el tabaquismo.

Ningún médico podría negar que llevar una alimentación balanceada, hacer ejercicio regular, mantener un peso normal y dejar de fumar mejoran considerablemente la calidad y expectativa de vida del ser humano.

Pero no sé cuántos de mis colegas se preguntan ¿por qué la gente no hace caso a nuestras recomendaciones saludables?

Muchos de nosotros, me refiero a los médicos, no seguimos estas recomendaciones. ¿Que podríamos exigir entonces a la gente? ¿De quién van a tomar el ejemplo los pacientes, la familia?

¡Tenemos mucho por mejorar aún!

Si tan solo le hubiéramos podido enseñar a comer mejor, a encontrar una actividad física acorde, a mantener el peso y a dejar de fumar a nuestros hermanos, padres y abuelos, hoy se estarían salvando miles de vidas.

El coronavirus es una contingencia única, pero la gripe y la neumonía son la principal causa de muerte por infecciones en los adultos mayores todos los años.

Y adivina quiénes dentro de esta población son los que mueren en mayor proporción…

Los que tienen esas tres comorbilidades.

Por lo tanto, enseñándoles a comer, a mantener peso, a hacer ejercicio y dejar de fumar, los estaríamos salvando de morir por estas infecciones también.

En fin, decimos que cuidamos la vida, exigimos que se respete nuestra vida, pero tiene que venir un virus a enseñarnos a lavarnos las manos, algo básico.

Otra vez la disociación intelectual con los hechos.

Pensamos: “Del dicho al hecho hay un largo trecho”. Entonces no hacemos nada porque hay que recorrer “un largo trecho”.

¿Hasta cuándo vamos a dejar que nuestra pereza nos mate?

Sería muy triste que después del coronavirus no cambiemos nada.

Esto es lo que me está enseñando esta pandemia.

Es una enorme felicidad tenerlos a ustedes para poder compartir estas reflexiones.

Espero recibir muchos comentarios y que podamos seguir reflexionando juntos.

Deseo que todos tengamos una vida sana y armónica.

!Hasta el próximo post!