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Cómo prevenir las enfermedades crónicas de manera natural.

¿Cómo superar la adicción a las harinas de manera natural?

Las harinas refinadas son la base de la alimentación en nuestra cultura de descendientes de españoles e italianos.

(Foto: 현국 신 de Pixabay)

En toda Europa, desde la antigüedad, el trigo ha sido el principal cereal que consumía la población.

Esto ha dejado una huella en nuestro ADN, que genera dificultades a la hora de querer dejar de comer las harinas.

En este post te propongo un método sencillo para que puedas superar tu adicción a las harinas de manera natural.

Lo más importante es tomar conciencia de que cuanto más refinadas, mayor es su poder adictivo.

Por eso, el primer paso consiste en cambiar el tipo de harinas.

Cambiar las harinas refinadas por harinas integrales

Foto de Kaboompics .com en Pexels

Si bien su sabor es diferente, este es un “precio” realmente bajo si tu voluntad de dejar las harinas es firme.

Hoy en día existen en Internet todo tipo de recetas gratuitas con harinas integrales para que puedas elaborar con ellas tus alimentos favoritos.

Pizzas, pasta, panificados, postres… Puedes hacer recetas deliciosas en tu propia casa utilizando harinas integrales y otros productos como azúcar mascabo, zumos de frutas y leudantes orgánicos.

¿Cuáles son las ventajas de las harinas integrales?

  • Poseen mayor cantidad de fibra: lo que te da más saciedad y, a la vez, hace que se absorban más lentamente los almidones, con lo cual, vas a tener menos hambre durante más horas.
  • Mejoran la limpieza intestinal: al poseer mucha fibra, ésta actua como un “cepillo”, limpiando el interior de tus intestinos.
  • Evitan el estreñimiento: es sabido que las harinas refinadas provocan cierto grado de estreñimiento. Sin embargo, las integrales, por su alto contenido de fibra, estimulan la peristalsis (movimientos intestinales) y favorecen la evacuación.
  • Poseen mayor cantidad de micronutrientes: vitaminas y minerales que se encuentran en pequeñas cantidades en nuestro organismo, pero que cumplen importantes funciones como “ayudantes” en las funciones corporales.

Quizás no tengas demasiado tiempo para ponerte a elaborar tus propias comidas con harinas integrales, o tal vez no tengas habilidad para cocinar.

Esto tampoco puede ser un impedimento para introducir las harinas integrales en tu alimentación, ya que, hoy en día, muchas personas se dedican a elaborar alimentos caseros con estos ingredientes.

Es cuestión de que chequees tus redes sociales y preguntes entre tus conocidos. Seguramente alguno te pasa un dato.

También hay muchísimos productos integraes en los comercios como almacenes naturales, dietéticas e inclusive en los supermercados.

Por lo que ya no puedes seguir poniéndote como excusa que este tipo de productos son difíciles de conseguir.

Muchas veces, con tal de darnos un gusto, revolvemos cielo y tierra para conseguirlo, pero a la hora de tomar una decisión saludable, nos llenamos de excusas.

Este tipo de actitudes hacen que no cambiemos nada, y al final, seguimos con el mismo problema durante años.

Utilizar otros cereales

Además del trigo, existen muchísimos cereales que podés incorporar a tu alimentación.
Maíz, arroz, avena, cebada, centeno, quinoa, soja, amaranto… Hoy en día podés conseguir todo tipo de productos elaborados con estos y otros cereales.

Ayer, justamente, con mi hija hicimos galletas “sin harina”. Una receta muy fácil, rápida y rica para un día nublado y frío. Ideales para acompañar tu infusión favorita. ¡En menos de media hora estaban listas!

Solo usamos 1 taza de avena arrollada, 1 banana (plátano), un poco de manteca (mantequilla) y media docena de almendras.

¿De dónde sacamos la receta? Podés verla aquí.

Una vez, una compañera de trabajo nos invitó con una torta tipo budín, exquisita. No sabíamos de qué harina estaba hecha y le preguntamos. No era harina! Era arroz yamaní integral! Jamás hubiera imaginado que se podía hacer una torta con arroz.

Son solo dos pequeños ejemplos de cómo reemplazar la harina de trigo por otro cereal.

Podés ir buscando tus recetas y armando un recetario propio, compartir lo que cocinás con tus amigos y familiares y así ellos también pueden aprender a cocinar con ingredientes más variados.

Elaborar tus propias galletas, postres y dulces

Foto de DreamyArts en Pixabay

No te das una idea del ahorro que vas a lograr si preparás tus propias comidas y postres.

No solo ahorrarás en dinero, también en salud, porque los ingredientes que uses van a ser más naturales, y necesariamente utilizarás menos conservantes y aditivos químicos, totalmente insalubres.

¿Por qué antes de los alimentos industrializados eran tan poco frecuentes las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y el cáncer?

Muy simple. Porque la gente cocinaba sus propios alimentos con los ingredientes que extraían de formas más naturales y “caseras”.

Por supuesto que la vida de hoy no nos permite a muchas personas cultivar nuestros propios ingredientes.

Sin embargo, con lo que podés comprar en la verdulería y el súper, es suficiente para que prepares alimentos de gran calidad nutritiva y muy sanos.

Solo lleva un poco de aprendizaje y también desempolvar el libro de recetas de la abuela.

Con eso, más la infinidad de sitios web sobre cocina ya tenés más que suficiente.

Las galletas, postres y demás dulces industriales que ofrecen los comercios, están llenos de productos químicos adictivos y perjudiciales para la salud.

Por eso, si los elaborás en tu casa, te resultará mucho más facil vencer la adicción a las harinas.

Además, y no es una cosa menor, esos alimentos estarán hechos con amor, algo de lo que las máquinas que elaboran los alimentos industrializados no tienen idea.

Cereales “inflados”

Arroz, maíz, amaranto, quinoa… son muchos los cereales “inflados” que podés conseguir en cualquier comercio de alimentos.

Esta es otra forma de incorporar cereales que no san trigo a la dieta.

Habitualmente pensamos en ellos como alimentos para el desayuno o la merienda de los niños.

Pero el único alimento exclusivo para niños es la leche manterna! 😉

Así que puedes comerlos en reemplazo de tus postres, galletas, tortas y demás cosas dulces.
Al ser cereales, son una gran fuente de energía (hidratos), por lo que no tenés que excederte con ellos si no querés aumentar de peso.

También por ser cereales, son fuentes importantes de proteínas y minerales, por lo que no se trata de meras golosinas.

Te invito a que los incorpores a tu desayuno, acompañados de leche o jugos de frutas.

¡Vas a sentir mucha energía durante toda la mañana!

Frutas “bocadillo”

Llamo frutas “bocadillo” a las que podés comer directamente, sin necesidad de pelarlas o de procesarlas de alguna manera.

Uvas, frutillas (fresas), cereas, damascos, ciruelas, almendras, pasas, nueces, maní… Todas ellas pueden reemplazar tus bocadillos a base de harinas.

En vez de tomar un té con galletas, podés tomar un té con uvas, almendras o maní.

Foto: schuger de Pixabay

En vez de un café con torta (pastel), pasas y nueces.

Las combinaciones son libres, solo te daba algunas ideas. Podés realizar las combinaciones que quieras.

¿Te gusta la manzana pero te da pereza comerla porque se oxida?

Probá lo siguiente:

Foto: Pezibear de Pixabay

Cortá la manzana a la mitad y luego en cuartos, sin pelarla. Quitales las partes que no se comen (semillas y esa especie de tallo fibroso que las acompaña). Luego cortá cada cuarto a la mitad y cada una de estas partes en tres o cuatro cubos.

En un recipiente lo suficientemente grande como para que entre la manzana cortada en cubos, colocá agua de red y media cucharadita de sal fina. Revolvé hasta que la sal se disuelva y poné a remojar uno o dos minutos los cubos de manzana en ese agua salada.

Este proceso evita que la manzana se oxide y podrás comer un poquito ahora, otro después, en cualquier momento del día.

Hacé la prueba y contame tu experiencia en los comentarios!

Bueno, estos son algunos tips para que puedas superar tu adicción a las harinas. Espero te hayan resultado útiles y que empieces a cambiar tu alimentación.

Si, como dijo alguien, “uno es lo que come”, cuanto mejor comas, mejor vas a estar y mejor te vas a sentir, también vas a estar más sano y con más vitalidad.

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Estoy recopilando información sobre los hábitos de almientación, sueño y actividad física de la población en general, para poner mi “granito de arena”, es decir, ayuarte publicando contenidos para que aprendas cómo vivir de manera más saludable.

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Estaré encantado de ayudarte a lograrlo.

Hasta el próximo post!

Un abrazo

¿Qué me está enseñando la pandemia COVID-19?

Estamos viviendo una catástrofe humanitaria sin precedentes. La pandemia COVID-19 ha golpeado al mundo de manera inesperada. Las grandes potencias mundiales están sufriendo efectos devastadores.

En este contexto y gracias a la ayuda del aislamiento preventivo, he tenido mucho tiempo para reflexionar.

Y en medio de estas reflexiones me he dado cuenta de que este fenómeno de la pandemia me ha dado la oportunidad de aprender dos cosas muy importantes:

  • El COVID-19 le ha dado un golpe a los centros vitales del individualismo
  • No estamos suficientemente preparados para cuidar la vida

Un golpe al individualismo

La actual pandemia nos ha puesto a todos los habitantes del mundo en igualdad de condiciones.

Tuvimos que aprender a quedarnos en casa y a convivir.

¿Estábamos preparados?

Muchas familias fueron sorprendidas por esta pandemia en medio de una situación caótica: violencia de género, vísperas de divorcios, familiares varados en el extranjero, trabajo informal, pobreza, etc.

¿Qué podemos hacer por ellos?

¿Vamos a seguir pensando que es su propio problema y que no tenemos nada que ver?

La indiferencia hacia el sufrimiento de los otros nos ha estado consumiendo todo este tiempo.

¿Nunca pensamos que el modelo actual de “sálvese quien pueda” en algún momento nos va a dejar “fuera de sistema” a nosotros mismos?

A pesar de ser una especie dotada de razón y espiritualidad sublime, hemos decaído al nivel animal, viviendo solo para competir por la supervivencia.

En esta gesta individualista nos hemos olvidado de cómo con-vivir, “vivir-con”, vivir juntos, sin excluir a nadie.

La indiferencia excluye. El individualismo excluye. Hemos tratado al diferente como “ajeno” durante tantos miles de años…

¿Acaso no somos todos seres humanos? ¿No solemos llamarnos a nosotros mismos “la humanidad”?

Sin embargo vivimos en permanente disociación entre lo que inteligimos y lo que hacemos.

El Coronavirus ha quitado la máscara de cada uno de nosotros. Se ha revelado quién es quien.

Estamos ante una oportunidad invaluable para aprender y mejorar.

Convivir en paz en este mundo no sería posible sin aprender a convivir en paz en nuestro pequeño mundo: la familia.

Y para vivir en familia hay que cambiar la competencia por la solidaridad.

La base de la solidaridad es la empatía: puedo sentir lo que tú necesitas, ponerme en tus zapatos.

Y ser solidario implica actuar: ayudar al otro.

Ayudar con materiales quizá no está al alcance de todos en esta época en que conviven el derroche y la escasez.

Hay mil y una formas de ayudar cuando el corazón está sintonizando la frecuencia de la solidaridad.

Cuando sientas que ya no tienes forma de hacer nada por esos que sufren, todavía queda algo por hacer: rezar.

Y aunque puedas hacer mucho, también podés rezar por aquellos a quienes tu ayuda material no alcanza.

Rezar por el bien de todas las personas sin descuidar las responsabilidades de nuestros diversos puestos en la familia y la sociedad.

Así lograremos dar un golpe de “knock out” al individualismo y dejarlo “fuera de combate”, para instalar una nueva humanidad basada en la solidaridad.

Aprendamos a cuidar la vida

Una paciente me dijo “parece mentira, tenía que venir el coronavirus a enseñarnos cómo lavarnos las manos”.

Esta pandemia nos interpela:

¿Cuánto has cuidado tu vida este tiempo?

Saber lavarse las manos es algo básico, muy básico.

¿Cuánto hemos cuidado nuestra vida si tuvo que ocurrir una pandemia para que aprendamos a lavarnos las manos?

Reconozco que hasta suena ridículo. Pero ¿es cierto o no? Me pregunto a mi mismo ¿He cuidado bien mi vida?

Un hecho importante es que la pena mayor para un criminal sea por quitar la vida a otro ser humano.

Asimismo, el principal derecho humano es el derecho a la vida.

¿Cuánto sabemos sobre cómo cuidar nuestra propia vida?

Y, ¿Cuánto de lo que sabemos sobre cuidar nuestra propia vida lo llevamos a la práctica?

Hace poco, en la casa de un familiar me llamó la atención el diseño de un paquete de cigarrillos.

Una imagen horrorosa de un paciente en terapia intensiva lleno de tubos y mangueras, junto a un texto aún más horroroso: “Fumar produce cáncer de pulmón”. Con mayúsculas y negrita.

Wow! Me dije. ¿Por qué alguien querría vender a otro ser humano algo que produce cáncer?

¿Acaso no es un anuncio expreso de un homicidio?

¿Qué diferencia hay con decirle a una persona “esta bala que voy a meter en tu cabeza te ocasionará la muerte”?

Y más siniestro aún: cómo promocionar mi bala mortal para que sea “legal” y te la pueda vender sin problemas. ¡Bum!

Quedé muy shockeado con estos pensamientos.

Y me pregunto a mi mismo cuántas veces les doy a los demás cosas que los dañan…

Cosas como rencor, codicia, ignorancia…

¡Tengo tanto por corregir!

Las cuatro “patas” que dan estabilidad a la salud

Quiero retomar el tema del auto-cuidado: cuidar la propia vida.

Hay cuatro “patas” en que se basa el auto-cuidado:

  • Higiene
  • Alimentación
  • Horarios
  • Ejercicio

La higiene como la estamos haciendo hoy día es extrema. Es lógico porque estamos viviendo una situación extrema.

Sin embargo, ante la impaciencia provocada por el aislamiento prolongado, ¿estás deseando que “esto” se termine para dejar de usar desinfectantes?

También necesitamos respetar los horarios fisiológicos para poder mantener una vida sana.

Me he sorprendido de que muchas personas tomaron la cuarentena como vacaciones prolongadas, sintiéndose liberados de la rutina de sus horarios habituales.

Esto los ha llevado a comer y dormir desordenadamente, sin imaginar las consecuencias que ese caos de horarios puede tener sobre la salud.

Otras personas aprovecharon para ordenar sus horarios de comidas, trabajo, estudio y esparcimiento.

Todos somos libres para decidir. Y los resultados que obtenemos derivan de las decisiones que tomamos.

Cuidar la vida implica también alimentarse adecuadamente y hacer ejercicio.

He visto muchos que han aprovechado la cuarentena para hacer ejercicios regulares mirando videos por Internet o asistiendo a clases virtuales.

Tambien he conocido muchas personas que han tomado la cocina como su nueva base de operaciones y se dedican a preparar alimentos súper saludables para su familia.

Lo que más lamento siendo médico es que a nivel mundial la medicina le haya fallado tanto a la población.

No lo digo por su actuación ante la pandemia.

Me refiero a que le hemos fallado a las personas que están muriendo por coronavirus.

En su inmensa mayoría son adultos mayores y ancianos con enfermedades previas, también llamadas comorbilidades.

Las tres comorbilidades más frecuentes de las “víctimas” de COVID-19 son:

  • Enfermedades cardiovasculares
  • Diabetes no-insulinodependiente
  • Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)

¿Por qué digo que los médicos les hemos fallado a estos pacientes?

Porque no les hemos ayudado a prevenir estas tres enfermedades.

Ninguna de las tres son enfermedades en sí mismas, sino consecuencias de un estilo de vida.

Las cardiovasculares son producto de una alimentación basada en exceso de grasas, sedentarismo y sobrepeso.

La diabetes no-insulinodependiente, también llamada diabetes de adulto o diabetes tipo 2, se debe al exceso de hidratos de carbono en la dieta, sobrepeso y sedentarismo.

La principal causa de EPOC es el tabaquismo.

Ningún médico podría negar que llevar una alimentación balanceada, hacer ejercicio regular, mantener un peso normal y dejar de fumar mejoran considerablemente la calidad y expectativa de vida del ser humano.

Pero no sé cuántos de mis colegas se preguntan ¿por qué la gente no hace caso a nuestras recomendaciones saludables?

Muchos de nosotros, me refiero a los médicos, no seguimos estas recomendaciones. ¿Que podríamos exigir entonces a la gente? ¿De quién van a tomar el ejemplo los pacientes, la familia?

¡Tenemos mucho por mejorar aún!

Si tan solo le hubiéramos podido enseñar a comer mejor, a encontrar una actividad física acorde, a mantener el peso y a dejar de fumar a nuestros hermanos, padres y abuelos, hoy se estarían salvando miles de vidas.

El coronavirus es una contingencia única, pero la gripe y la neumonía son la principal causa de muerte por infecciones en los adultos mayores todos los años.

Y adivina quiénes dentro de esta población son los que mueren en mayor proporción…

Los que tienen esas tres comorbilidades.

Por lo tanto, enseñándoles a comer, a mantener peso, a hacer ejercicio y dejar de fumar, los estaríamos salvando de morir por estas infecciones también.

En fin, decimos que cuidamos la vida, exigimos que se respete nuestra vida, pero tiene que venir un virus a enseñarnos a lavarnos las manos, algo básico.

Otra vez la disociación intelectual con los hechos.

Pensamos: “Del dicho al hecho hay un largo trecho”. Entonces no hacemos nada porque hay que recorrer “un largo trecho”.

¿Hasta cuándo vamos a dejar que nuestra pereza nos mate?

Sería muy triste que después del coronavirus no cambiemos nada.

Esto es lo que me está enseñando esta pandemia.

Es una enorme felicidad tenerlos a ustedes para poder compartir estas reflexiones.

Espero recibir muchos comentarios y que podamos seguir reflexionando juntos.

Deseo que todos tengamos una vida sana y armónica.

!Hasta el próximo post!