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Ejemplos de cómo funciona la homeopatía en casos clínicos reales.

El mito de que la homeopatía es lenta

Imagen de FunkyFocus en Pixabay

Muchas veces escuché decir a personas de mi entorno y a otros médicos que los tratamientos homeopáticos tardan demasiado en hacer efecto.

Esta es otra de las grandes falacias acerca de la homeopatía y en este post te lo demuestro con casos clínicos de pacientes reales que me tocó atender.

Cada paciente tiene su propia respuesta a los medicamentos. Esto se debe a múltiples factores, los cuales, salvo excepciones, no se relacionan con el medicamento en sí.

Te voy a contar cuáles son los principales factores que influyen en la velocidad de respuesta al tratamiento homeopático.

El tipo de enfermedad: aguda o crónica

Este es el principal factor que influye en la velocidad de respuesta del organismo a los medicamentos homeopáticos.

Si se trata de una enfermedad aguda, el inicio de la mejoría del paciente puede verse en pocas horas o pocos días.

Las enfermedades agudas son las de comienzo brusco, de progresión rápida y autolimitadas: terminan en la curación espontánea o en el fallecimiento del enfermo. Todo esto se cumple cuando no se realiza ningún tratamiento, por supuesto.

En cambio, las enfermedades crónicas son aquellas que comienzan imperceptiblemente, progresan insidiosamente, afectando cada vez a órganos más importantes para la vida y siempre terminan en la muerte prematura. Jamás muestran una tendencia a la curación espontánea.

Algunos ejemplos de enfermedades crónicas son:

  • las alergias
  • el asma
  • la hipertensión arterial
  • la diabetes tipo 2
  • las gastritis crónicas
  • la tioriditis de Hahshimoto
  • la psoriasis
  • la artritis reumatoide
  • etc.

Los pacientes con este tipo de enfermedades, por lo general consultan al homeópata cuando las mismas están ya muy avanzadas.

Sin embargo, esto no es culpa de ellos, ya que por lo general han visitado antes a numerosos especialistas de la medicina convencional (alopatía).

Los tratamientos alopáticos se basan en contrarrestar las reacciones químicas que subyacen a los síntomas. Es decir, no llegan a corregir el desequilibrio de la energía vital que dio origen a esas alteraciones químicas, con lo cual dicho desequilibrio sigue avanzando invisiblemente, afectando órganos cada vez más importantes.

Todo esto hace que la respuesta al tratamiento homeopático sea lenta, irregular, con muchos altibajos y cambios de esquemas de medicación, hasta que se logra equilibrar al paciente. Este proceso puede llevar varios meses, incluso algunos años.

Los antecedentes de salud del paciente

Si un enfermo con una dolencia crónica viene de una familia en la que no han habido enfermedades importantes y él mismo solo ha tenido antes algunos cuadros pasajeros, entonces, su curación será muy rápida.

Recuerdo un caso que traté entre 2017 y 2019, una jovencita de unos 21 años de edad, padres sanos y ella sin otros antececentes. Había comenzado con sínotmas similares a cistitis de manera casi constante hacía 3 años y no habían desaparecido con los tratamientos convencionales ni con otras terapias no convencionales.

Un amigo le recomendó que viniera a verme y en menos de 10 días desaparecieron sus molestias urinarias tomando alternadamente Thuja (Thuja occidentalis) y Staphisagria (Delfinium staphysagria).

A los 3 meses de comenzado el tratamiento tuvo una recurrencia y luego otra al año y medio. Ambas curaron en alrededor de una semana. Luego no volvió a presentar ese síntomas hasta abril de 2020, en que me encuentro escribiendo este post.

En el otro extremo están los pacientes que vienen de familias con varios casos de enfermedades graves, como las cardiovasculares, cáncer, autoinmunes, tuberculosis, etc.

Estos pacientes, naturalmente, tardan más tiempo en responder al tratamiento y en revertir el desequilibrio crónico de su energía vital. Y es frecuente que tengan recaídas cada tanto, aunque éstas cada vez se espacian más.

Como el caso de otra paciente, una señora de unos 54 años que comencé a atender en 2016 por síntomas de hipotiroidismo: tristeza y llanto fácil, sequedad de piel, caída de cabello, constipación, aumento de peso, calambres, friolenta, a pesar de estar medicada con hormona tiroidea hacía más de 20 años.

Además, desde la muerte de su padre, padece una rara enfermedad autoinmune que le produce dolores articulares y una alteración circulatoria en los dedos.

Sus antecedentes personales son varios: insulinorresistencia, hipertensión arterial, psoriasis, rosácea, hernias de disco cervicales, dorsales y lumbares, cálculos en la vesícula, operada de apéndice, amígdalas y de útero y un ovario. Su madre había padecido anemia, hipotiroidismo y diabetes tipo 2. Su padre, falleció por ACV.

Comenzó a mejorar gradualmente con los primeros remedios que le indiqué. A los dos meses de la primera consulta el ánimo se había estabilizado, comenzó a evacuar los intestinos todos los días y la piel estaba más humectada.

Tres meses después, habían desaparecido los dolores articulares y ella notó un cambio de actitud: dejó de tragarse lo que le molestaba y comenzó a comunicarlo armónicamente.

Cuatro meses más tarde había dejado de tener calambres y su movilidad había mejorado mucho, ya podía subir las escaleras normalmente. Su endocrinólogo comenzó a disminuir la dosis de levotiroxina.

Tuvo su primer recaída de dolores articulares al año y medio de empezar el tratamiento homeopático, sin embargo, la alteración de la circulación de los dedos había desaparecido.

Dos años y tres meses después del inicio de su tratamiento, los índices de autoinmunidad habían disminuido a la mitad, dejó de comer harinas refinadas y lácteos y comenzó a bajar de peso. Estos índices de autoinmunidad volvieron a elevarse 7 meses después y algunos de ellos se habían reducido en un estudio 11 meses posterior, en su último control.

Los dolores articulares no volvieron a aparecer, tampoco la sequedad de piel, los fenómenos vasculares de sus extremidades solo aparecen por contacto con el frío, y ella había bajado 10 kilos más desde agosto de 2019 a febrero de 2020, la última vez que la vi.

En el caso de esta paciente, si bien ha tenido mejorías importantes, todavía queda mucho camino por recorrer, ya que todavía no está equilibrada por completo. En todo este tiempo no ha tomado analgésicos, antiinflamatorios ni corticoides, solamente las hormonas tiroideas y la medicación alopática para su hipertensión (valsartán).

Como esta señora, hay muchos otros pacientes con múltiples problemas de salud superpuestos que se benefician grandemente con la homeopatía.

El estado de la vitalidad del enfermo

La vitalidad es otro factor determinante del tipo de respuesta de nuestro organismo, tanto para la enfermedad como para los tratamientos homeopáticos.

A su vez, hay muchas enfermedades que van agotando paulatinamente la vitalidad. No solo enfermedades físicas, también psicológicas.

Un enfermo con toda la vitalidad, tiene mejorías rápidas y sostenidas luego de un tratamiento homeopático apropiado.

Esto es lo que se ve en los niños y adolescentes.

Me viene a la memoria un caso reciente con sospecha aun no confirmada de dengue. Se trata de una adolescente de 13 años, que había tenido durante 3 días dolor de cabeza y fiebre continua, el último día ardor en los ojos e intolerancia a la luz, solo medicada con antifebriles comunes.

Le indiqué unas gotas con cuatro componentes: Bryonia, Arsenicum album, Phosphorus y Rhus toxicodendron, a tomar cada 3hs. En 12 horas dejó de tener fiebre, dolor de cabeza y síntomas oculares, recuperó su ánimo y comenzó a comer.

A las 36 horas tuvo erupción que le picaba mucho en manos y brazos. Esto duró solo una noche y a la mañana siguiente desapareció la picazón. Al otro día ya no tenía nada en la piel.

La velocidad en la curación se debe a que era una enfermedad aguda y una paciente con gran vitalidad. En estos casos se suele ver una “reacción homeopática” inicial, como la erupción que tuvo la jovencita en la piel luego de mejorar sus síntomas más profundos.

En el extremo opuesto, los pacientes con muy poca vitalidad, reaccionan más lentamente y por un corto tiempo, por lo que hay que repetir la medicación muy seguido, en dosis muy pequeñas.

Como el caso de una paciente moribunda que atendí hace varios años en su domicilio. Una abuela de más de noventa años, postrada, con internación domiciliaria, en la útlima etapa de la demencia senil, con: alucinaciones, lenguaje ininteligible, acostada en posición fetal, piernas inquietas y se deslizaba hacia los pies de la cama constantemente, convulsiones habituales y hacía varios días que rechazaba comer o beber.

Su hija se atendía conmigo y me pidió que fuera a verla porque hacía varias noches que se la pasaba gritando con fuertes alaridos.

A pesar de mi inexperiencia y de la gravedad del cuadro, decidí medicarla con un remedio llamado Conium (Conium maculatum) en una dosis diluida a la decillonésima (10-60), 5 pequeños glóbulos disueltos en agua para que tome a cucharaditas 3 o 4 veces por día.

Sus ataques de alaridos empezaron a ceder poco a poco en la primera semana y ella empezó a conectar un poco con la mirada, dejó de tener las piernas inquietas y se deslizaba menos en la cama. A los 10 días me tomaba de las manos ansiosamente y me miraba a los ojos, me pedía ayuda, había comenzado a pedir agua a su hija, podía beber y tragar bien y también podía decir su nombre y el de ella.

Le indiqué que no le diera más la medicación a menos que volviera a tener alguno de estos síntomas que habían mejorado.

La abuela falleció en menos de dos meses, con mucho menos sufrimiento que cuando comencé a tratarla. En todo ese tiempo, no volvió a tener alaridos ni convulsiones. Solo le volvían transitoriamente las piernas inquietas y el estado de ansiedad con pedidos de ayuda, los cuales mejoraban al tomar Conium, aunque por períodos cortos, de unas pocas decenas de horas.

Se trataba de una paciente terminal con gran agotamiento de la debilidad y un deterioro orgánico irreversible. No podía tomar más remedios porque tenía enormes dificultades para tragar y los inyectables no le estaban haciendo gran efecto.

Sin embargo, la poca vitalidad que tenía le permitió responder aunque fuera un poco al tratamiento homeopático y ella falleció con mucho menos tormento.

El medicamento propiamente dicho

Muy pocas veces, el remedio en sí, determina una respuesta más rápida o más lenta al tratamiento.

Existen medicamentos homeopáticos que actúan rápido como una flecha y otros que son de acción lenta.

Los de acción rápida, en general se utilizan para cuadros agudos, de rápida progresión y para las reagudizaciones de enfermedades crónicas.

Los de acción lenta, se utilizan para cuadros “sub-agudos”, que comienzan de manera gradual y se van agravando día a día y, también, para enfermedades crónicas de lenta progresión y curso insidioso.

Dentro del primer grupo, hay un remedio muy usado en pacientes con fiebres altas:Belladona (Atropa belladonna). Con este remedio puede verse una mejoría del paciente y su fiebre en menos de 12hs.

Recuerdo una niña de unos 4 años que cada vez que tenía fiebre, caía en cama inmediatamente, con alucinaciones de serpientes. Belladona eliminaba las alucinaciones en pocas horas y en 12 horas la nena estaba jugando normalmente. Parace increíble, pero cualquier mamá habrá observado estos efectos cuando sus hijos toman belladona.

Dentro del segundo grupo, puedo mencionar dos remedios Calcarea Carbonica (carbonato de calcio orgánico) y Bryonia (Bryonia alba).

Recuerdo un paciente pediátrico que actualmente tiene 7 años y que comencé a los dos años de vida por broncoespasmos con Calcarea carbonica. Los espasmos fueron desapareciendo gradualmente en pocos meses y solo le ha vuelto tos en otoño-invierno cada 2 o 3 años.

Durante la epidemia de gripe A N1H1 de 2009, varios pacientes que comenzaban con un resfrío leve y al día siguiente un poco de dolor corporal, al otro día fiebre y recién al cuarto o quinto día caían en cama con los dolores típicos de la gripe, recibieron Bryonia y fueron mejorando notablemente recién en un término de 72 a 96 hs. Ninguno tuvo neumonía, que es la complicación más habitual de la gripe.

En conclusión, el mito de que la homeopatía es lenta es una falsedad. No hay evidencia de la supuesta lentitud de la homeopatía.

Cuando la evolución del paciente es lenta, salvo excepciones, a diversos factores relacionados con el paciente:

  • Antecedentes personales
  • Antecedentes hereditarios y familiares
  • Estado de la vitalidad del paciente

Inclusive los remedios de “acción lenta”, no tardan tanto tiempo en mejorar al paciente y, al igual que los de acción rápida, producen mejorías permanentes duraderas, sin efectos adversos.

O sea, que la homeopatía es lenta es solo un mito. Uno de tantos. Hay muchos más, como que es una medicina para adelgazar, que los remedios son placebo, etc.

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  • Qué son los remedios homeopáticos
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Te deseo una vida muy sana y armónica.

Hasta el próximo post!

Un abrazo